Siguió bailando por la franja de Gaza, esquivaba todas aquellas balas entre piruetas y pliés encontró en el arte lo que no le había dado la vida, una válvula de escape.
Todas las noches recorría los pasillos de su casa imaginándose un millón de metros más lejos triunfando en los grandes escenarios, representando aquellas obras que la censura había borrado de su país, cada vuelta era una puñalada más profunda, ella quería ser libre.
Ella era danza, movimiento y aun que no lo sabía era la revolución de todo Oriente Medio.
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