Otra vez perdí el equilibrio mientras discutiamos por alguna de esas cosas absurdas, te grite, nos enzarzamos a soltar improperios y incluso a echarnos en cara alguno de esos rencores que todo el mundo guarda, volvimos a sentir la agonía una vez más, me hice pequeño con todas las dudas que ahora pesaban sobre mis espaldas.
Es que no es facil discutir y menos cuando tu oponente eres tu mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario